
Se acerca vertiginosamente el cierre de este 2021, y empieza el bombardeo mediático y las ventas de temporada, prometiéndonos que en 2022 seremos mejores personas si compramos una agenda de productividad, un nuevo programa de ejercicio, o un smart watch para rastrear nuestra actividad.
En muchos titulares nos propondrán «21 días para bajar de peso y no volver a subir», «21 días para un abdomen plano», «21 días para volverte rico en Instagram».
Esta cantidad «mágica» de 21 días se utiliza comúnmente para indicar que, si tú repites una determinada actividad durante ese tiempo, automáticamente se convierte un hábito, sin importar lo difícil o simple que sea.
Realmente no hay una base científica para este número. Se menciona en el libro «Psycho-Cybernetics» del cirujano Maxwell Maltz, que observó que una persona tardaba como mínimo 21 días para adaptarse a cambios en su apariencia física después de una cirugía estética (de nariz). Y así como en el juego del teléfono descompuesto, se utilizó esta cifra como referencia, y se distorsionó la información hasta convertirse en el famoso mito de «los 21 días para tener un nuevo hábito».
Pero realmente adquirir un nuevo hábito puede tomar entre 30 y 90 días, o incluso puede ser hasta más tiempo dependiendo de muchos factores.
Lo que he observado que sucede muchas veces al iniciar con la intención de tener un nuevo hábito saludable, es nos entretenemos y nos perdemos en las cuestiones ‘adicionales’ o colaterales.
Por ejemplo, si mi propósito al inicio de año es “hacer ejercicio”, es fácil pensar que antes de ponernos a hacer cualquier cosa debemos:
- Comprar ropa de ejercicio y tenis nuevos
- Comprar suplementos, proteína, quemadores
- Pagar la inscripción al gimnasio todo el año
- Comprar una bicicleta u otros aparatos de ejercicio (el perchero más caro que tendrás en tu vida)
Corte a…un mes después, nos ganó la flojera, la falta de planeación, la carga de trabajo, los compromisos, etc., etc., etc. y ahí se nos quedan los tenis, la ropa, los suplementos, el aparato y la anualidad.
Por esto es que quiero proponerte una manera más eficiente de hacer tus metas 2022, los planes de acción.
Una meta a largo plazo debe dividirse en objetivos a corto plazo.
Un ejemplo, calcula que lo que tardaste en engordar o el tiempo que llevas con sobrepeso, lo divides entre 3, es decir, si llevas 10 años con 20 kilos de más, no lo vas a bajar en 15 días, sino que te llevará aproximadamente de 2 a 3 años.
Lo mismo con las finanzas personales, quien lleva años con la costumbre de gastar todo lo que gana, o vive endeudado por malos hábitos de consumo, no va a salir de ese círculo de manera mágica. Hay que plantear objetivos realistas, con plazos en el tiempo, y con una estrategia que permita el logro de los mismos.
- Considerar cuál es la meta. Para ello, hazte las siguientes preguntas: ¿qué quiero?, ¿para qué?, ¿con qué lo voy a lograr? (valores, actitudes, fortalezas).
- Encontrar un tiempo y espacio en la agenda y la rutina.
- Darle prioridad en la cotidianidad.
- Empezar en el momento. Cualquier día es bueno para cumplir los objetivos, y qué mejor inicio que hoy mismo.
- Pasión. Emocionarse por el proyecto generará pasión para alcanzar el objetivo; esto promoverá una mejor vida personal o profesional.
- Disciplina. Implica sacrificios y prácticas diarias. Se trata de una manera de mostrar respeto a uno mismo.
- Organización: si no te organizas para ir al súper a hacer despensa, y cocinar en casa, vas a terminar comiendo en la primera taquería que encuentres en la calle. Si no te levantas con tiempo para hacerte el desayuno antes de salir de casa, vas a terminar almorzando choco roles a las 11 de la mañana. Si no haces un presupuesto y registras tus gastos, el dinero se perderá en gastos innecesarios y gastos hormiga.
Una de las grandes herramientas que podemos usar para la generación de planes, es la técnica ‘SMART’ (inteligente en inglés) que es un acrónimo de los siguientes conceptos:
- Específico: debe estar claramente definido.
- Medible: los avances pueden medirse a través de indicadores objetivos.
- Alcanzable: los planes deben ser lo suficientemente motivadores, pero también realistas.
- Relevante: deben estar alineados a los intereses reales y prioritarios.
- definido en el Tiempo: poner una fecha límite nos ayuda a concretar el avance.
Si estás encontrando muy complicado iniciar o darle continuidad a tu plan, un coach puede ayudarte.
Busca a un profesional certificado y que pueda brindarte testimonios de éxito.
Aquí te cuento en qué consiste en términos generales el proceso de coaching:
- Enfoque: Definir con claridad el objetivo que se quiere lograr.
- Realidad: Analizar la situación actual y el entorno. Identificar los puntos fuertes y las áreas de mejora.
- Aprendizaje: Establecer acciones y nuevos hábitos. Gestión de las emociones. Identificar obstáculos y limitaciones.
- Opciones: Desarrollar nuevas oportunidades y posibilidades a través del aprendizaje.
- Plan de Acción: Desarrollar un plan de acción SMART, teniendo claridad en los recursos necesarios y disponibles.
- Seguimiento: Identificar estructuras y estrategias para apoyar los nuevos hábitos y comportamientos. Definir indicadores de éxito.
El último punto considero que es el que marca la diferencia entre cumplir o no tus metas, ya que el seguimiento semanal o quincenal de tus avances, te ayuda a comprometerte aún más contigo mismo, con tus avances y te da una gran claridad y motivación para llevar tus acciones a consecución.
Por adelantado deseo lo mejor para este 2022, y recuerda…que aunque cambie el año, si tú no cambias todo seguirá igual ¡ponte en acción!
